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Diferencias entre bookstagrammer, booktuber o bookblogger

5 octubre, 2018
¿Bookstagrammers, booktubers y bookbloggers? estos términos han ido escalando posiciones en las distintas redes sociales y cada día son más los lectores que expresan su opinión sobre lo que leen y se sienten con la suficiente autoridad para recomendar libros a una comunidad de followers que los apoyan con mucha fidelidad. Diariamente surgen más BBB’s (bookstagrammers, booktubers y bookbloggers) que favorecen a los autores y le dan un dinamismo al mercado editorial mundial. Independientemente de que alguien se considere bookstagrammer, booktuber o bookblogger, lo importante es el mensaje que transmita y cómo puede lograr captar más seguidores. Cada red social tiene su propio lenguaje. Con estas redes podemos ver la literatura desde ángulos totalmente diferentes. La realización de cada publicación implica diferentes procesos. No es lo mismo que grabar un video con luces y postproducción que montar un set para una fotografía perfecta o documentarse para una exposición bien razonada sobre el libro a reseñar. He aquí sus diferencias: Bookstagrammers Fotos de libros con un orden y una selección subjetiva en el marco de una composición llamativa inundan el Instagram. La red social que vende la imagen ha desatado una particular fiebre en los autollamados #bookstagrammmer. Reseñas de libros, lecturas recomendadas reflejan el amor por la lectura gracias a la fotografía. Las nuevas generaciones logran rescatar una pasión por la literatura que se vuelve un fenómeno viral en toda la red. Los bookstagrammers se consideran el fenómeno literario más reciente en las redes sociales gracias a la exposición, difusión y creación de clubes de lectura en plataformas como Instagram en concreto, y otras como Youtube o los blogs de Google. Un bookstagrammer es un amante de la lectura, que se expresa a través de la fotografía. Crear escenas ideales y buscar la foto perfecta. Para localizarlos solo tienes que buscar algunos hashtags como #books, #instabooks, #igreads o #bookstagram. Booktubers Instagram no es la única red social para adictos a la lectura, pues las recomendaciones también vienen en el medio idóneo para ver tutoriales, videoclips, entrevistas sin una duración de tiempo específica. Por supuesto que nos referimos a Youtube. Los fanáticos de los libros que tienen su propio canal se hacen llamar #booktubers. Es aquí donde la creatividad campea y surgen interesantes propuestas de videos con efectos, se pone en prueba el carisma del protagonista y su capacidad de actuación. Se dice que el origen de los booktubers está en los “video hauls”, videos que hacían los jóvenes para hablar sobre ropa. Pronto surgieron los “book hauls”, donde mostraban los libros que se habían comprado. Estos nativos digitales, apoyan su canal de YouTube con blogs, cuentas de Facebook y Twitter, Tumblr, Goodreads, Instagram, Lastfm, Spotify además de otras redes y herramientas. El booktuber demuestra su habilidad para interactuar con una cámara, se siente mucho más cómodo hablando que escribiendo, usando su creatividad, editando y todo lo que implica tener un canal en Youtube. Sus videos pueden ser temáticos y también mostrar listas. Lo importante de esta especie de masificación de la lectura

Historias de Cortázar llevadas al cine…

5 octubre, 2018
Si eres un fanático de las historias de este gran escritor, estoy segura que estas películas son perfectas para tu fin de semana. ¡Prepara las palomitas!   Blow up Michelangelo Antonioni, el prestigioso director de cine italiano, basó su película Blow-up(1967) en el cuento llamado Las Babas del diablo. Una obra clásica del cine que ha marcado una línea de creación personal del propio director, y también una marca distinguida en la propia historia del cine. Una pieza que narra el acontecimiento que sucede con un fotógrafo mientras se encuentra con su cámara en un parque y, que luego de revelar sus fotos, descubre un posible asesino detrás de los árboles. Una situación que despierta en él una obsesión momentánea por conocer más acerca del posible crimen. – Weekend También en el año 1967, Jean-Luc Godard (uno de los representantes de la nouvelle vaguefrancesa) llevó con Weekend el cuento La autopista del sur . Una adaptación del cuento de Cortázar en donde vemos cómo una pareja se topa en su ruta con un embotellamiento. Quizá con este breve resumen, la trama parece poco sugerente, sin embargo es una de las obras que llamó la atención en la filmografía de Godard. Una historia que pone en cámara los estilos propios del director como largos silencios, escenas discontinuas con los propios espacios y que demuestran, una vez más, que el lenguaje poético utilizado prevalece ante la comprensión de lo que ocurre. El director propone a través de este suceso la crítica hacia una sociedad capitalista que lleva a los hombres a tratarse entre sí como animales ante situaciones cotidianas. L’ingorgo En 1979, Autopista del sur fue llevada también al cine por el director italiano Luigi Comencini con el nombre L’ingorgo. La historia es exactamente la misma que en la película de Godard. Es una pieza recomendada para apreciar los diferentes enfoques y decisiones de dos directores enfrentados a la misma trama. – Juego Subterráneo Si hay algo que no es menor en los cuentos de Cortázar es su imaginación y su capacidad de llevar a sus personajes e historias al límite de lo absurdo. Esta película brasileña, del director Roberto Gervitz, está basada en el cuento Manuscrito hallado en un bolsillo. Una película recomendable y un cuento breve que vale la pena conocer. – Diario para un cuento Jana Bokova, una directora checa que luego de lidiar seis años para conseguir los derechos de autor del libro Diario para un cuento, lo consiguió y filmó su película en 1998. La pieza de cine se basa en la narración autobiográfica del propio escritor, ambientada en los años cincuenta. Una obra que relata la vida laboral y sentimental de Elías, que es cuestionada por el propio Cortázar, que no deja claro hasta dónde llega la ficción y la realidad. – Mentiras piadosas Bajo la dirección de Diego Sabanés, la película narra la historia de un joven que viaja a París buscando incursionar como músico en esta ciudad. Pero debido a su falta de noticias

¿Qué tanto conoces de la saga Cazadores de Sombras?

28 septiembre, 2018
Demuestra qué tanto sabes del mundo de los Nefilim   Vía blog.beek.io

Qué pasó con Danny Torrance del libro: El Resplandor

14 septiembre, 2018
No cabe duda que el rey de los libros de terror, Stephen King, aún tiene mucho que ofrecer a la literatura y al cine. Los universos literarios suelen ser complicados de elaborar por una razón bastante simple: necesitan persistencia. El escritor debe persistir —con esa fiebre sin nombre y en ocasiones sin sentido— en ampliar sus propios horizontes y elaborar algo más detallado que esa primera noción que inspiró la célebre primera línea de toda obra. De modo que un universo literario desafía no sólo al lector —a seguir las huellas, nuevas fronteras y episodios recién nacidos página tras página—, sino al escritor, que debe enfrentarse al hecho de elaborar su propia visión sobre los mundos que crea de una manera por completo distinta. A Stephen King se le da especialmente bien crear universos. No sólo gracias a la saga The Dark Tower —obra constitutiva y génesis improbable de la mayoría de sus novelas—, sino en su necesidad de brindar profundidad a las preguntas que la última página de cualquier novela deja sin responder: ¿qué ocurrió con ese querido personaje que seguimos afanosamente capítulo a capítulo?, ¿qué ocurrió con el pueblo que aprendimos a conocer como si de un lugar real se tratase, desde sus misterios hasta sus miserias? Sin duda, King conserva el suficiente pulso narrativo para crear algo más que las narraciones nucleares de todas sus historias. Tal vez por ese motivo no le sea en absoluto complicado volver a viejos escenarios, sobre todo los que incluso a la distancia crearon una percepción muy nítida de la intención de Stephen King sobre el miedo, la belleza y el horror. Como esa escena en la que un niño avanza pedaleando en su pequeño triciclo en un largo pasillo tapizado. Con los hombros encorvados, el rostro contraído —¿de preocupación?, ¿de miedo?— el pequeño Danny Torrance avanza de corredor en corredor mientras el Overlock observa. De pronto, en una vuelta inesperada, se detiene: una puerta cerrada invita a ser abierta. Una puerta que parece contener todos los secretos del hotel que les cobija y les contempla con el aire malicioso y envilecido de un depredador silencioso. El niño observa y la atmósfera parece espesarse, hacerse irrespirable, porque hay algo aterrorizante en la visión, en la quietud ultraterrena de las niñas que no deberían estar allí y la mirada asombrada del niño sobre el triciclo. Y de pronto, la imagen parece alargarse, hacerse enorme y contundente, porque lo sobrenatural tiene un brillo propio, una identidad ineludible. Y ese silencio que envuelve la escena, con las niñas simplemente de pie y tomadas de las manos mientras Danny las observa, lo abarca todo. Tiene su propio peso y su propia cualidad inquietante. La normalidad rota en lo inexplicable. Como cualquier cinéfilo que se precie sabrá, la escena que describo más arriba forma parte de la película El Resplandor, pieza de culto dirigida por Stanley Kubrick que aterrorizó a toda una generación y que aún continúa provocando uno que otro sobresalto. La película, alabada por
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